Espiritualidad en la Psicoterapia
Aclaremos primero como distinguimos la espiritualidad de la religiosidad. Para nosotros, en el Centro, la religiosidad significa la adherencia a las creencias y prácticas de una iglesia organizada o una institución religiosa (Shafranske & Malony, 1990). La espiritualidad la utilizaremos para referirnos a una experiencia singular personalmente significativa (Shafranske & Gorsuch, 1984).
Partimos de la premisa fundamental de que la experiencia espiritual implica un conocimiento de la dimensión trascendente y trascender significa un moverse más allá del marco de referencia propio en una dirección más elevada o más amplia.
La dimensión trascendente, que se encuentra en todos los seres humanos, implica moverse más allá del propio egocentrismo no saludable, de la dualidad y exclusividad, hacia una mayor unidad, y hacia una capacidad de amar (Velero, Tenido, & Kolander, 1992).
La dimensión trascendente puede, pero no necesariamente, implica una deidad o un poder mayor. Las personas pueden referirse a una deidad o a un poder mayor por nombres tales como: Dios, Cristo, Alá, Madre Tierra, Alto Poder o Energía Universal.
La dimensión trascendente, puede implicar cualidades que en si misma son transcendentes como: la fe, el amor, la ínter-conectividad, el vivir fluyendo (El Tao), el permitir (en vez de tratar de controlar), el desapego (Lukens, 1992). La dimensión trascendente, puede implicar también cuestionamientos existenciales tales como: Cuestionamientos de significado y propósito, porque tales preguntas dirigen con frecuencia la atención de la persona en una dirección más elevada o más amplia de entendimiento.
Durante mucho tiempo, se pensó que la ciencia, en este caso la psicología, la psicoterapia y otras disciplinas curativas, eran antagónicas, o al menos poco tenian que ver con la espiritualidad y que mezclarlas no producía resultados verificables, por lo que era irrelevante combinarlas, incluso hablando de ciencia estrictamente se suele creer que lo espiritual, raya en el imaginario de la gente, ese que se ha definido popularmente como superstición. Esta es una noción errónea. La ciencia necesita la espiritualidad y la espiritualidad necesita la ciencia.
Actualmente, la ciencia ha adquirido tal estatus de superioridad que domina y controla la industria, el negocio, la educación, la salud y la política. Algunos de sus experimentos resultan ser tan dantescos y crueles que traspasan los límites de la civilización. En nuestra opinión, los valores éticos, morales y espirituales son esenciales para moderar el poder de la ciencia, mas no para castrarlos ó limitarlos, pues, esto sería una negación a la evolución, pero los moldea al comprender que realmente se complementan y no compiten.
En la medida que la ciencia necesita la espiritualidad, la espiritualidad necesita de la ciencia. Sin una buena dosis de destreza racional, analítica e intelectual, la espiritualidad puede fácilmente convertirse en un ejercicio sectario y egoísta.
En una de las escrituras de Mahatma Gandhi, él dijo que no existe dualismo entre el mundo y el espíritu. La espiritualidad no es sólo cosa de santos. No se limita a órdenes monásticas o cuevas en las montañas. La espiritualidad es la vida diaria, desde el cultivo de alimentos a su cocción, el acto de comer, lavar los platos, barrer el piso, construir la casa, elaborar la ropa y velar por los vecinos.
Entonces, si llevamos la espiritualidad a todas las facetas de nuestras vidas, concientemente: la política, los negocios, la salud, la educación, la agricultura, entre otras, y lo hacemos considerando el punto de vista científico, seguramente lograremos un estado conciente de armonía en nuestras vidas.
No hay dualismo y separación entre la materia y el espíritu. El espíritu contiene a la materia y la materia al espíritu, pero los hemos separado y hemos hecho del espíritu un asunto privado y hemos permitido que la materia sola domine nuestra vida pública. Necesitamos sanar esta separación urgentemente. Sin tal reparación, el mundo material, la misma Tierra, seguirá sufriendo consecuencias catastróficas, y las sabidurías espirituales seguirán siendo percibidas como ideales, esotéricos, prácticas de otros mundos que son totalmente irrelevantes para nuestra vida cotidiana.
Cuando seamos capaces de reparar esta separación seremos capaces de inculcar el espíritu en los negocios, en el comercio, en la economía, en la educación, en la salud. Seremos capaces de crear una política que funcione para todos. Nuestras religiones no serán divisivas, al contrario: se convertirán en una fuente de sanación y servirán para resolver conflictos. La unión de materia y espíritu, de negocio y espíritu, de política y espíritu, de religión y espíritu, de salud y espíritu, de educación y espíritu y de activismo y espíritu es la más importante unión requerida en nuestro tiempo, para recuperar la saludable armonía y balance interior de nosostros mismos y con nuestro entorno.
La naturaleza humana es recibir y siempre querer llegar un poco mas allá de lo que ha logrado, entonces la gente por lo general siente como que algo le falta, aun cuando concrete sus metas, siente “hambre”, la cual, no necesariamente, puede ser satisfecha con bienes materiales, por eso requiere de alimentos espirituales, la gran labor que tenemos por enfrentar es la de crear un espacio y un tiempo para que la gente descubra su propia espiritualidad.
No debería ser necesario defender el espacio espiritual, pero durante los últimos centenares de años nuestra cultura occidental ha seguido negando el espíritu y ha estado ocupada en elevar el estatus de la materia (nuestros cuerpos, nuestros bienes como símbolos de riqueza y éxito) nuestra sociedad y nuestra cultura han perdido el equilibrio y su integridad.
En un mundo ideal, la gente reconocería que el espíritu siempre se halla implícito en la materia, antiguamente, la vida era sagrada e inviolable, se reconocía la sutil dimensión del lenguaje de la naturaleza, en los animales , en los cielos, en el viento, en los árboles, de allí el árbol de la sabiduría, el árbol de la vida, la gente buscaba la naturaleza, la contemplaba y se daba la simbiosis naturaleza silencio, quietud. La mente, el cuerpo, el espíritu encontraban un estado de paz y de quietud invalorables, no existía la palabra estrés .
Restaurar este equilibrio requiere recuperar esta sabiduría y dar la importancia al espíritu, de eso trata la Psicoterapia Espiritual, es estrictamente personal, más bien transpersonal, transciende nuestra materia y toca nuestra esencia, la mas intima, la mas sublime y sutil conexión con nuestra conciencia espiritual.